martes, 16 de mayo de 2017

(Tu pierna)

Sostén tu pierna.
No la dejes crecer en la orilla,
encajada en su huella, flexionando el
recuerdo de haber tocado el agua.
No la dejes creer, da igual qué parte elijas
pero que haya contacto, cuando cojees
por el pasillo abuhardillado, por ejemplo,
y no sientas aún el dolor ensarta las uñas,
estira tú las fibras, no dejes que el suave encaje de
los huesos te llame a engaño. Los vas a embaucar tan bien
que no podrán asistirte. Porque no ven las hojas
de la enredadera inclinarse un poco más
cuando pasas, disimulando su ápice estirado por el
periódico de la puerta abierta, como si hubiera noticias aún
de los goznes a esta altura, más aún de aquellos goznes que
chirrían para el gato que se escapa decía entonces,
pellizco, carne de muslo bajo tus uñas. ¿Es que no lo ves?
Sostenla. Porque la mesa tullida en la basura le está preparando la cena,
la veo acicalarse, pasarse por encima como quien no quiere la cosa
su mejor trapo, prenderse velitas cuando bajas a comprar el pan.
Clávale un par de vínculos , arrodíllate con fuerza,
como si estuvieras rezándole a un dios recién descubierto,
o buscando las llaves perdidas bajo el sofá del salón;
ya que estás ahí hazle cosquillas, recuérdale que sois uno
a pesar del arrastre a pesar del tropiezo y la extremidad.
No te acuestes solo en el diván a que venga el dolor. Hacedlo juntos.
Recordad aquel tiempo en que la aguja esperaba unos días a
aparecerse. Evocad la angustia temida, su punzada difusa, antes
de que la piel se encogiera permanente ya, e instantánea.
Abrazaros, siente su sangre de entonces que aún encaja en tus venas,
imagina que no está en el suelo desparramada así, como si tal cosa.
No la dejes atrás. Palpa su piel, su carne, su peroné y su tibia, su fémur
si gustas, goza incluso si quieres de su recuerdo atlético pero hazme caso,
agárralo bien, sostén tu pierna. Antes de que ella también decida

darte por cojo. 

domingo, 19 de marzo de 2017

(Combatir el sueño)

A la mañana procurar el vacío y
protegerlo así de intacto
todo el día.

Cepillar con esmero las piezas,
dentuda es la rueda del ocaso
clavada en tu carne para hacer
avanzar el ansia.

Bruñir esos goznes y que solo
perdure el brillo, luz
sobrepuesta a la materia.

Recorrer cada aguja hasta
su punta en las manos
con una lima. Trabajar allí
para volverla roma
evitar que logre
traspasar la piel
que no pueda escapar
de ti la oquedad
como el aire que abandona un globo.

Por el descenso en ciernes
completar el ciclo con cuidado.
Revisar el calafate y las velas
por si alguien les brida algún remiendo.
Derribar los senderos y los puentes.
Cultivar el jardín de malas hierbas.
Al oído cantarle una nana al fuego
que hierve el agua.

En el crepúsculo acunar el vacío y
custodiarlo en suspenso inerme hasta
que amanezca.

Combatir el sueño.
Vigilar las puertas.
Repetir.

domingo, 12 de febrero de 2017

(Extrarradio)

Caminé hacia la zarza ardiendo
en el barrio residencial.  
Salí del metro y
pude ver la sierra
trabajando paciente
sobre el mundo; antes,
por la línea bajo su filo,
me detuve:
aquella chica en el suelo
disponiendo papeles
a lo largo y ancho
de la estación.
Papeles de estudio y goma
de borrar al lado. Nadie tocaba
las cuerdas. Una señora sí
a la mejilla sus dedos con
gesto de asco,
su collar de perlas.
No consigo que el perro orine
en sus tacones. Consigo
escribir que la sierra
atraviesa el metro en
ese instante y
siega el brillo adusto
del collar en dos.
Pero no sucede.  La chica
pasa otra página de sus apuntes.
El resto de viajeros
cancela el billete.  Afuera,
 la zarza crepita en el dios
de un estor a juego
con el crepúsculo,  
cristo en forma se aparece
de bombero en la escalera y
de un ágil chorro apaga el
después, el pitillo de después
de la ilusión.
Alguien echa una moneda y
la chica escuálida
de sentarse en vano
se levanta y
abre un libro. Creo que 
me ha visto sonreír
al doblar la esquina.


domingo, 18 de diciembre de 2016

(Hambre)

Vais dejándome pistas,
líneas de alpiste,
miguitas de pan
duro o tierno a vuestro paso,
pellizcos de una barra
que no me pertenece.

Vais dejando el camino,
siembra de cebos,
lonjas de carne que
vuestro cuerpo escinde
para que acuda yo
y me alimente.

Haréis de la tumba
delicioso plato a
cuya mesa yo
no me sentaré.

Cuando no estéis ya,
cuando os hayáis ido,
y nadie deposite
sus huesos en mi plato,
recorreré el camino
a vuestra antigua casa
con el hambre punzando
vuestro recuerdo.



sábado, 10 de diciembre de 2016

(Una grieta entre tus pies)

Y por fin, el libro...

Una ambición, llamémosle, un objetivo quizá. 

Mucho menos dramático que destino. Pero destino dice tanto. Objetivo clama fin, meta, punto de mira. Destino, pese a su connotación inevitable, determinista, esotérica, pone un camino bajo tus pies. En mi caso, una grieta. Ha sido un placer recorrerla, verla crecer según avanzo, y ahora, por fin, lanzarla al mundo. 

 "Una grieta entre tus pies" es el título de mi primer poemario, publicado por Ruleta Rusa Ediciones. En él hablo de la distancia que nos aqueja a todos, nuestra separación progresiva de los demás, de la persona amada después, y al final, de nosotros mismos. La grieta es ese fantasma que nos consume y nos persigue, que nos aleja de todo lo que una vez quisimos. También es un grito: una llamada a conocerla y combatirla. 

Muchos de los poemas que en ella se incluyen aparecieron en su forma incipiente en el blog que mantuve durante 3 años, Diario de un mal poeta. Aquel blog quedó para siempre en las cañadas de internet, sus remolinos, pero me gusta recordarlo porque fue un inicio, de alguna manera, de lo que es hoy este libro. Iré colgando aquí sus poemas, porque el papel no es objetivo sino destino alcanzado, alto en el camino, y sigo, seguimos avanzando. Por eso dejaré aquí poemas de "La Grieta" como testigos, migas, recuerdo de mis pasos.

Pero no solo. Como dije el libro, los libros, para el poeta, son consecuencia lógica. Podrían quedar perfectamente en el cajón, pero queremos lanzar el cajón al río. En ese río que es la red, a este cajón donde escribo, vendrán textos nuevos. Caminos nuevos. Destinos. 

Entretanto, este es mi bagaje, la grieta que va conmigo.




Una Grieta Entre Tus Pies 

puede encontrarse en los siguientes puntos de venta:

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lunes, 1 de agosto de 2016

(Agosto)

Hoy visto una camisa de pétalos secos.
Me siento en la terraza y pido
un vaso de rosas frescas.
Mi desnudez no la bebe nadie.
Giro la cabeza hacia ambos lados
por si los hijos vienen
a pedirme cuentas. A mi lado
los jóvenes tocan la guitarra y miden
sus posibilidades.
Observo mis manos con asombro.
Incrédula si persisten
combatiendo la piel
en la tormenta.

Agosto se me echa encima como un oso
que adora su caverna. Quisiera poder escapar
de su apetencia omnívora, de su pastosa zarpa,
dejar que su peso obsceno devore mi camisa .
Me siento desnuda en la terraza y pido un
fusil de perdiciones.
Nadie va a sentarse a beber
de mi pecho en oleadas. Apunto
a su entrecejo quincenal, oprimo el gatillo. 
A mi lado ajustician los jóvenes,
contra el asfalto, su guitarra imposible;
ningún ave escapa de la escena.
Nadie escucha el rugir de las rosas
que enturbian los muros de rojo.

Me levanto. Continúo en cueros por la cuesta.
Un cernícalo vetusto aguarda
el humo que sale de mis labios.
El camarero recoge los tres euros
que dejé en el plato de propina.
Nadie viene a reclamar mi despojo
pero yo vigilo por si acaso.
El pellejo silente de un oso pardo
me mira marchar desde la mesa.
De su colmillo deceso
cae gota a gota,
siguiendo mis huellas,
un filamento blanco.

El sol que planea su venganza.

sábado, 12 de marzo de 2016

(Abismo a la orilla)

Queda tan lejos la mar, el céfiro en calma amarrado.
La luna encallada sueña sobre el remonte nuboso.
A tus pasos, tierra fraguada de olivos, farallón
que no alcanza marea camina a salvo, adentro,
tierra adentro segura la charca es un tigre mellado
vega de encías, la lluvia es un batallón de alfileres chatos.
Estás adentro a resguardo pero es mentira: mojados,
tus pies mojados, se ha retorcido el cauce ha tejido un lazo,
al volver la esquina el ponto por la riba asciende el mar,
por el ribazo, a tu falda aborda arriba verde garfio,
verde sangre pruno mar de ciénaga estrecho coagulado,
a tu boca mujer montaña llegó el abismo a la orilla,
una gota de sal a tus labios, a tus labios berilo
escarlata de sal cómo ha pasado, cruenta esquirla
de perla grana clavada a tus ojos cómo ha pasado,
cómo encontró tu sombra liga de agua entre manzanillos,
cómo alcanzó tu cima el penacho níveo de aquella ola.
Mujer montaña no te ahogues, por tus muertos
no te ahogues, los vivos claman por tu ladera,
la luna encallada mece su sueño vago
y la noche yace uncida en su escondrijo.
 Queda tan lejos la mar y tu cepa ensoga
espigón a tierra tu esquife varado.
Torna la vista a nosotros mujer montaña queda
muy lejos la mar y la vida espera bancada de luz
a la tenue guarda de los olivos.
Queda ya lejos la mar y el viento susurra
amarrado en calma. Suelta los ojos al vuelo
mujer montaña y levántate. Escucha.

La tierra en alto te pide que regreses.