sábado, 12 de marzo de 2016

(Abismo a la orilla)

Queda tan lejos la mar, el céfiro en calma amarrado.
La luna encallada sueña sobre el remonte nuboso.
A tus pasos, tierra fraguada de olivos, farallón
que no alcanza marea camina a salvo, adentro,
tierra adentro segura la charca es un tigre mellado
vega de encías, la lluvia es un batallón de alfileres chatos.
Estás adentro a resguardo pero es mentira: mojados,
tus pies mojados, se ha retorcido el cauce ha tejido un lazo,
al volver la esquina el ponto por la riba asciende el mar,
por el ribazo, a tu falda aborda arriba verde garfio,
verde sangre pruno mar de ciénaga estrecho coagulado,
a tu boca mujer montaña llegó el abismo a la orilla,
una gota de sal a tus labios, a tus labios berilo
escarlata de sal cómo ha pasado, cruenta esquirla
de perla grana clavada a tus ojos cómo ha pasado,
cómo encontró tu sombra liga de agua entre manzanillos,
cómo alcanzó tu cima el penacho níveo de aquella ola.
Mujer montaña no te ahogues, por tus muertos
no te ahogues, los vivos claman por tu ladera,
la luna encallada mece su sueño vago
y la noche yace uncida en su escondrijo.
 Queda tan lejos la mar y tu cepa ensoga
espigón a tierra tu esquife varado.
Torna la vista a nosotros mujer montaña queda
muy lejos la mar y la vida espera bancada de luz
a la tenue guarda de los olivos.
Queda ya lejos la mar y el viento susurra
amarrado en calma. Suelta los ojos al vuelo
mujer montaña y levántate. Escucha.

La tierra en alto te pide que regreses.